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¿Sabías que una práctica cotidiana realizada por el 87% de las personas esconde un riesgo que la mayoría suele ignorar? Un famoso escándalo político de los años noventa cambió para siempre la forma en que entendemos estos encuentros y sus consecuencias para la salud. Descubrí por qué esta percepción errónea persiste y qué medidas podés tomar para disfrutar sin exponerte.
A pesar de que el 87% de la población practica sexo oral bajo la falsa creencia de que se trata de una actividad libre de peligros, la evidencia científica demuestra que es una causa frecuente de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Esta percepción equivocada responde en gran medida a la falta de educación sexual, pero también a un hito mediático: en 1998, tras el escándalo entre Bill Clinton y Monica Lewinsky, se popularizó la idea de que la felación no constituía "sexo", lo que desvinculó estas prácticas de los cuidados de la salud genital y contribuyó a un incremento posterior de las infecciones.
En términos médicos, el sexo oral incluye la felación, el cunnilingus y el annilingus, ubicándose en el espectro de riesgo como la segunda práctica con mayor probabilidad de transmisión de ITS, solo por detrás de la penetración anal sin protección. La peligrosidad radica en que bacterias como la gonorrea, la clamidia y la sífilis, sumadas a virus como el herpes o el papiloma humano (VPH), pueden infectar no solo los genitales y el ano, sino también la boca y la faringe, manifestándose casi siempre de forma asintomática.
Durante la realización de felaciones, cunnilingus o annilingus sin barreras de látex, la transmisión de estas infecciones es sumamente sencilla si alguno de los involucrados presenta el patógeno en la zona genital o en la garganta. Si bien el VIH es de difícil contagio por esta vía debido a que la saliva no transmite el virus, el riesgo aumenta si hay eyaculación o heridas abiertas. Por esta razón, los profesionales recomiendan no lavarse los dientes inmediatamente después del sexo oral, evitando así la creación de lesiones en las encías que sirvan como puerta de entrada para los microorganismos.
Lejos de sugerir el cese de estas prácticas —las cuales aportan grandes beneficios a la intimidad, la autoestima y la satisfacción en la pareja—, la solución pasa por la protección adecuada. El uso de preservativos, láminas de látex o lencería de látex elimina casi por completo las posibilidades de contagio. No obstante, para aquellas personas que prefieren no utilizar métodos de barrera durante el sexo oral, existe una alternativa de prevención igual de fundamental: realizarse pruebas de detección de ITS de manera regular y mantener los chequeos al día.